Tangos para Agus

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11 de abril de 2020

EL OCTETO

En 1956, ya de regreso de su estadía en París, Astor Piazzolla creó el Octeto de Buenos Aires, que pondría de cabeza a la música del tango. Pero antes, veamos cuales eran el estilo y las orquestas más famosas de ese momento.

Entre 1943 y 1955, en coincidencia con la presencia de Perón en el gobierno, se da la llamada “Época de Oro” del tango. Las orquestas típicas habían dado lugar a las grandes orquestas. El tango era la música y el baile de toda una generación. Era prácticamente la única música que se difundía por radio, en disco y en el cine nacional. Se escuchaban tangos en los cafés y los bares, y se bailaban en clubes, sindicatos, salones y carnavales.

Troilo era el máximo exponente de esa década. Aquí una de sus interpretaciones más emblemáticas:

En su orquesta, el cantor había dejado de ser estribillero para tomar un papel más protagónico, Por ejemplo, Edmundo Rivero y, posteriormente, Roberto Goyeneche. Aquí “Malena”, de Troilo con Raúl Berón, quien era su cantor en 1955:

Igual, fíjate que el cantor está entrando pasado el primer tercio de la representación, y con largos interludios puramente musicales entre las partes cantadas.

Otras grandes orquestas venían de la edad de transformación (1924 – 1942), como la de Osvaldo Fresedo,

… o la de Francisco Canaro, con la famosísima Tita Merello, una de las cancionistas de mayor presencia escénica,

También seguían activas las orquestas de Roberto Firpo y Cayetano Di Sarli. El famoso Julio De Caro se había retirado en 1954. En contrapartida, había llegado Juan D’Arienzo, con arreglos modernos del 2×4 de la guardia vieja, caracterizados por sus fuertes «staccatos». Una música para bailar.

Un estilo parecido se advierte en la orquesta del gran Osvaldo Pugliese, con su famoso tango “La Yumba”,

Bueno, ese era el ambiente donde iba a irrumpir Piazzolla con su nueva música. Decidió formar un octeto, al estilo del de Gerry Mulligan, con los mejores músicos que pudiese encontrar, aquellos que no tuvieran dificultades técnicas para interpretar las complejas obras que estaba componiendo. Se incorporaron dos violinistas: Enrique Francini, quien había estudiado con el maestro alemán Juan Ehlert. y Hugo Barilis. Atilio Stampone, formado con el maestro Vicente Scaramuzza, estaba sentado al piano. El segundo bandoneón estuvo a cargo de Leopoldo Federíco. José Bragato, violoncelista de la Orquesta Estable del Teatro Colón, y el contrabajista Aldo Nicolini eran otros de los miembros del octeto.

Hasta aquí, todo bien, pero Piazzolla decidió incorporar una guitarra eléctrica que, sin bien había sido creada dos décadas antes, todavía no era conocida en Buenos Aires. Para este difícil rol optó por un pionero del jazz, Horacio Malvicino.

Todo era un desafío: Una formación extravagante como el octeto, la inclusión de una guitarra eléctrica, bandoneonistas tocando de pie… Los ocho músicos sabían que no iban a ganar ni aceptación inmediata ni nada de dinero, así que todos ellos trabajaban en otras agrupaciones musicales para mantener sus ingresos. Grabaron dos discos, uno de media duración llamado “Tango Progresivo” (1956) y el LP “Tango Moderno” (1957).

El octeto se “atrevió” con varios tangos famosos, pero siguiendo el esquema de secciones y la extensión de las obras originales. Pero se modificaron los planteos melódicos y la resolución de alguna frase. Las mayores modificaciones se dieron en las introducciones y las codas. Evitaron siempre el «marcato», usual en los tangos de la época, y lo reemplazaron por un bajo “caminante”, derivado del jazz. Eran muchas “rarezas” para los estándares de la época, pero no tantas para el oído de hoy. Te aconsejo escuchar ambos discos. Pero, por ahora, te dejo dos ejemplos:

Uno es “Taconeando”. Podés comparar la versión de su autor, Pedro Maffia (1930),

con la del Octeto de Buenos Aires, con una coda muy extensa donde la guitarra eléctrica improvisa un “riff” tanguero. 🎸

El otro tango que te propongo escuchar es “Lo que vendrá”. Aquí no hay comparación con nada previo, ya que se trata de una obra original de Piazzolla.

La introducción es un motivo descendente sobre el cuál se elaboran tres «cadenzas» para el primer violín, el segundo violín y el violonchelo, sucesivamente. La coda dura un minuto, durante la cual la guitarra eléctrica improvisa sobre el “tutti” del conjunto, realizando una variante de las secciones originales.

En tanto algunos entusiastas consideraron a estos dos discos como una “bisagra” que cambiaría el curso del tango; al público en general y a algunos músicos les provocó rechazo y enojo. El revuelo causado dividió el mundillo musical de la época en dos bandos antagónicos, lo cual hasta tuvo un buen efecto publicitario. Muchos músicos lo criticaron abiertamente y con bastante acritud. Por ejemplo, Anibal Troilo dijo:

Ante todo, diré que es una pena que lo mucho que sabe Piazzolla no lo haya puesto al servicio de lo que para mí es el verdadero tango […]. Lo único que puedo decir es que lo que hace ahora no lo siento en absoluto. Admiro sus trabajos por la dedicación y la musicalidad, pero como ejecución de tango no me dice nada. Además, no lo entiendo, porque Piazzolla ya hizo tango y muy bien, con una buena orquesta, buena instrumentación y sentido de lo moderno, así que hasta creo que esta nueva forma suya responde a un capricho en el que se ha encerrado, como gran músico, pero no como hombre de tango.

Tomá pa’que tengas… 🤕

Sin embargo, con el tiempo, Troilo empezaría a comprender a Piazzolla, hasta volverse uno de sus mejores intérpretes y difusores.

De hecho, en 1963 Troilo grabó una segunda versión de “Lo que vendrá”, escrita especialmente para él por el mismo Piazzolla. Allí el tema que en el arreglo del Octeto era apenas el pretexto armónico para las improvisaciones de la guitarra eléctrica, pasa a ocupar el primer lugar, y la cadenza, dominante en la primera versión, aparece ahora fugazmente como su conclusión, para dar paso al tema rítmico.

En 1958, Piazzolla disolvió el Octeto. Le esperaban nuevos desafíos.

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