Tangos para Agus

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1 de mayo de 2020

EL HIJO DEL POETA

Si leíste la vida de Pascual Contursi, ya sabrás que la relación con su hijo fue distante, por decir poco. Cuando era poco más que un bebé había sido abandonado, junto con su madre adolescente, Hilda. Ella trabajaba en la administración pública, y lo mismo hizo su hijo, después de recibirse de bachiller en el colegio San José, en Balvanera. Consiguió un empleo en el Departamento de Meteorología, y escribía críticas de cine para algunos diarios.

En 1932, justo cuando murió su padre, se casó con Alina Zárate, con quien ya había tenido una hija llamada Ethel. Años después nacerían Amalia, Hebe y Lucio. Pero Lucio moriría muy joven, víctima de cáncer.

A partir de 1933 comenzó a trabajar como locutor en la ya desaparecida radio Stentor.

Ese mismo año, casi dos décadas después de que su padre inventara el tango-canción, escribió su primera obra conocida “Tu nombre”. En esa época comenzaba a haber una gran demanda de tangos, y Contursi sería un prolífico letrista.

Entre sus tangos se destacan “Cristal”,

“En esta tarde gris”,

“Cada vez que me recuerdes”,

“La noche que te fuiste”,

“Tabaco”,

“Tu”,

y “Como dos extraños”, aquí en una rara versión del roquero Pedro Aznar (Serú Girán),

Las letras de padre e hijo son muy distintas. Por ejemplo, casi todos los tangos de José María hablan, siempre, siempre, sobre un amor perdido. Un detalle interesante sobre el que volveremos en otro momento.

Además, nunca recurrió al lunfardo ni al voseo. Esto puede parecer menor, pero fue fundamental para que sus letras atravesaran los límites del tango, y se adaptaran a otros estilos. Hoy hablaríamos de “covers”…

Por ejemplo, el tango “Cosas pequeñas” se transformó en “bolero”,

y “Sombras nada más” dio para “ranchera mexicana”,

En 1952 escribió el guion de “Mi noche triste”, una película que evocaba a su padre. Y, como a su padre, le gustaba la vida bohemia, las carreras de caballo, y el alcohol.

n 1953, su vida comenzó a derrumbarse. Su esposa contrajo cáncer. Jose María pasaba las noches bebiendo, y sólo iba a su casa para dormir. Como él confesaría más tarde: “No podía mirar [a Alina] a la cara porque sabía que se me moría”.

Alina falleció a mediados de 1955, y dos meses después, José María comenzó a ser perseguido por el gobierno que había derrocado a Perón, siendo investigado por su gestión como secretario de SADAIC. También su madre, Hilda, fallecería al poco tiempo.

Según contaría su hija Alicia, aquel hombre fino y sensible, que criaba canarios, y tomaba el té en tazas de porcelana, se fue sumergiendo en la depresión y el alcohol. Tenía 44 años, casi la misma edad que su padre al morir.

Pero no todo estaba perdido. En 1962 llegaría la salvación, y de la manera menos esperada. Todavía tenía por delante, los años más felices de su vida.

Pero esa es otra historia…

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