Tangos para Agus

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Recordando a Arolas

Cuarteto conformado (de izquierda a derecha) por Tito Rocatagliata en violín, Eduardo Arolas en bandoneón, Luis Gregorio Astudillo en flauta y Emilio Fernández en guitarra. Si el clavijero parece extraño, es porque se trata de una guitarra de nueve cuerdas (1912).

Habrás notado, Agus, que he dedicado tantas entradas a Eduardo Arolas, como a Gardel y Piazzolla. Pero ¿fue tan importante para el tango cómo estos dos grandes? ¿Son sus tangos tan buenos? Puede que sea una cuestión de opiniones. Pero, por mi parte, no tengo ninguna duda. Arolas fue una de las figuras más importantes de la historia del Tango.

Roccatagliata, Arolas y Firpo en 1914

No se conservan todos los tangos que escribió. Pero conocemos una centena y varios de ellos son verdaderas obras maestras del género. Mi top ten (en orden alfabético) serían

  1. Comme il faut
  2. Derecho viejo
  3. El Marne
  4. Fuegos artificiales
  5. La cachila
  6. Lágrimas
  7. Maipo
  8. Marrón Glacé
  9. Rawson
  10. Una noche de garufa
Arolas en Montevideo (1921)

En 1967, Anibal Troilo ensambló siete temas de Arolas en un solo tango. Se trata de La guitarrita, El Marne, Maipo, Comme il faut, Catamarca, Derecho viejo, y La cachila.

Anibal Troilo: “Selección de tangos de Arolas” (1967)

Arolas fue el primer gran compositor del Tango, y uno de los primeros virtuosos del bandoneón. Su corta vida fue como un relámpago que catalizó la transición de la Guardia Vieja a la Guardia Nueva. Su obra era moderna cuando la creó, y sigue sonando actual un siglo después; con una atemporalidad que destaca Jorge Luis Borges en su poema “El Tango”, publicado en el libro “El otro, el mismo” de 1964.

¿Dónde estarán?, pregunta la elegía
 de quienes ya no son, como si hubiera
 una región en que el Ayer pudiera
 ser el Hoy, el Aún y el Todavía.
...
En la música están, en el cordaje
 de la terca guitarra trabajosa,
 que trama en la milonga venturosa
 la fiesta y la inocencia del coraje.

 Gira en el hueco la amarilla rueda
 de caballos y leones, y oigo el eco
 de esos tangos de Arolas y de Greco
 que yo he visto bailar en la vereda,

 en un instante que hoy emerge aislado,
 sin antes ni después, contra el olvido,
 y que tiene el sabor de lo perdido,
 de lo perdido y lo recuperado.
...

Este es uno de los pocos poemas grabados por el mismo Borges.

Por su parte, el poeta del lunfardo, Daniel Giribaldi (1930 – 1984) le escribió este breve poema, llamado “Lorenzo (Eduardo) Arolas”,

No condenso algo inmenso, no, Lorenzo;
alzo al bardo en lunfardo mi güiscardo
y se hace nardo el cardo del lunfardo
cuando en el rango de tu tango pienso.

Hecho nardo, perfuma un algo inmenso:
el arremango de tu tango, Eduardo,
flor de cardo que el viento lleva al bardo
hasta Dios y que a Dios lo pone tenso.

Tenso, juna a una paica que es la parca
milongueando con vos entre las olas
de un tango tuyo, "Cardos", "Catamarca"...

No manya. ¡Si hasta Dios se queda en bolas
al compás del canyengue que le marca
desde la Eternidad, tu fueye, Arolas!

Julián Centeya no se iba a quedar atrás, y también le escribió… y recitó… un poema,

Julián Centeya: “Eduardo Arolas”

Ya en 1938, la orquesta de Julio De Caro grabó el que posiblemente sea el primer tango dedicado a Arolas. La música es de Gabriel Clausi y la letra de Mario César Gomila.

Julio de Caro y su orquesta típica, con Luis Díaz: “Arolas” (1938)

En 1949, el gran poeta del tango, Enrique Cadícamo, le escribió unos hermosos versos, a los que Ángel D’Agostino les puso música,

Angel D’Agostino con su orquesta típica y Rubén Cané: “Adios Arolas (Se llamaba Eduardo Arolas)”, 1953.

Mucho más cerca en el tiempo, Osvaldo Pugliese le dedicó un tango instrumental; es decir que, como los temas del mismo Arolas, no tiene letra.

Osvaldo Pugliese: “Para Eduardo Arolas” (1976).

En 1951, coincidiendo con la repatriación de los restos de Arolas, Héctor Marcó le dedicó el poema “El fueye de Arolas”,

Y allí estás acurrucado... 
ave dormida y cantora,
velando el profundo sueño 
de aquel que fuera tu dueño
mi viejo fueye de Arolas.

Pedro Laurenz les puso música a estos versos; y lo mismo haría Sebastián Piana con el poema “Recordando a Arolas”, de León Benarós. Este tema sirvió de cortina musical para los títulos de la película dirigida por Manuel Romero en 1951.

Y terminemos la entrada de hoy con esa última estrofa,

Si algún organito añejo
pasa por el arrabal
o alguien silba -bien o mal-
el tango Derecho Viejo,
nos estremece el pellejo
su responso milonguero
y un réquiem arrabalero
tirita en las calles solas…
Es que rezan por Arolas
y hay que sacarse el sombrero!
Víctor Lomuto, Eduardo Arolas y José Sciuto en Notre Dame de París (1924). Dicen que esta es la última fotografía de Arolas antes de su muerte.

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