Tangos para Agus

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El pibe Eduardo

Su nombre era Lorenzo, pero se hacía llamar Eduardo. Su apellido era Arola, pero lo cambió por Arolas. No sabía música, pero compuso los mejores tangos de su tiempo. Aprendió a tocar la guitarra, pero lo terminaron llamando «El tigre del bandoneón». Una contradicción hecha persona…

Nació en Barracas el 24 de febrero de 1892. A los 6 años, su hermano José Enrique le comenzó a enseñar guitarra. Abandonó la escuela después del tercer grado, y empezó a cambiar de un oficio a otro (repartidor, pintor, …), pero sin salirse de su barrio donde, para los registros policiales, era un «compadrito».

Entre todos los trabajos que transitó hubo uno, en un taller gráfico, donde aprendió a ser un buen caricaturista, habilidad que después aprovecharía para dibujar las portadas de sus propias partituras.

Con apenas 14 años, ya tocaba en dúo con su hermano en cafés y salones de Barracas y La Boca. Pero no interpretaban tangos, sino valses y piezas de salón, especialmente de Émile Waldteufel.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que comenzara a tocar tangos, acompañando al bandoneonista Ricardo González «Muchila», siete años mayor que él.

Fascinado con el sonido de ese instrumento, «el pibe Eduardo» se compró un bandoneón pequeño, de 32 botones, y comenzó a aprender con Muchila. Para 1909 ya tocaba un bandoneon de 42 botones, acompañado por la guitarra de Graciano De Leone. Los roles se habían invertido…

Ese mismo año, con la idea de un tango en la cabeza, fue a ver a su amigo Francisco Canaro para que lo ayudara. Eduardo lo tarareó y Francisco transcribió en un pentagrama la parte para violín, mientras que Hernán Macchi aportó la parte del piano. Años más tarde, cuando Arolas ya había aprendido música, le prestó el mismo servicio al «gallego» José Martínez, poniendo en partitura su tango «Expresión campera».

Así, cuando apenas tenía 17 años, el pibe Eduardo creó una de sus piezas más famosas: «Una noche de garufa», dedicada «al apreciable amigo Prudencia Aragón», conocido como «El Johny».

Orquesta típica Tanturi: «Una noche de garufa»

«Garufa» es una palabra del lunfardo que significa, «juerga». La ilustración de la partitura, dibujada por el mismo Arolas, lo dice todo.

Tiempo más tarde, el mismo Arolas, junto con Luis Bettinelli, montaría un café de muy buen nivel en Montes de Oca 1683/75 al que llamaría con el título de ese primer tango: «Una noche de garufa». Como era de suponer, ese bar ya no existe. Ni siquiera hay una placa que lo recuerde. En su lugar funciona una empresa de artículos de goma.

Y en 1915 se estrenó en el cine Colón, frente a la Plaza Lorea (que ya había sido atravesada por la Avenida de Mayo, inaugurada en 1894), una película (obviamente muda) llamada «Una noche de garufa», dirigida por José Agustín Ferreyra. El cine no existe. Y no se si queda alguna copia de la película.

Eduardo Arolas (1910)

En 1911 el pibe Eduardo ya sabía tocar el bandoneón estándar de 71 botones con dos notas cada uno (142 tonos), con el que realizó sus primeras presentaciones en Montevideo.

De regreso en Buenos Aires se embarcó en tres años de estudios musicales en la academia que José Bombig (director de la banda penitenciaria nacional) dirigía en La Boca.

De esta época inicial son los tangos «Maturrango», «Chúmbale» y el hermoso vals «Notas del corazón«, dedicado a su madre. Es una pena, casi un crimen, que no haya registros de estos temas.

También anterior a 1912 es «Rey de los bordoneos», dedicado a su amigo y guitarrista Graciano De Leone. Se llaman bordones a las cuerdas 4, 5 y 6 de la guitarra. Así que, teniendo en cuenta su título y su dedicatoria, es absolutamente evidente que se trata de un tema para guitarra. Y si todavía hay alguna duda, basta con mirar la portada.

Sin embargo, aquí te dejo una interpretación algo atípica, pero que destaca la exquisita melodía del tema.

Nestor Zurita: «Rey de los bordoneos» (Eduardo Arolas)

Como ves, Agus, no todo en la Guardia Vieja tiene olor a naftalina. Hay muy buenos compositores y excelentes tangos. Con estas interpretaciones actuales de temas antiguos y casi olvidados te quería mostrar que sólo es cuestión de buscarlos, y traerlos al presente.

Y vamos a detenernos por hoy, ya que llegamos a 1912, y el pibe Eduardo está por comenzar una nueva etapa en su vida.

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