Tangos para Agus

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A fuego lento

En base a lo que vimos la semana pasada sobre el tango-romanza “Griseta” y sobre “Milonguita”, este otro tango compuesto dos décadas más tarde, es fácil de entender,

En mi opinión, este tango se salva gracias a la orquestación de Salgán y la interpretación de Goyeneche, ya que es una enorme obviedad folletinesca. “¡Era sangre que vertías!”… ¡Por favor!

Pero bueno, sólo quería usar este tema como introducción para hablar de un grande, Horacio Salgán, y de su tango más famoso, “A fuego lento”.

En la ópera cómica “El Barbero de Sevilla” compuesta por Giacomo Rossini y estrenada en 1816, hay una de las mejores arias para bajo del género lírico. Se llama “La calumnia”. Rossini usa magistralmente el “crescendo” y el “ostinato” para describir como la calumnia comienza como un vientecito y poco a poco va creciendo hasta estallar como un cañonazo.

La calumnia es un vientecillo,
una brisita muy gentil,
que imperceptible, sutil,
ligeramente, suavemente,
comienza,
comienza a susurrar.
Bajo, bajo, a ras de tierra,
en voz baja, sibilante,
va corriendo, va corriendo,
va zumbando, va zumbando;
en las orejas de la gente
se introduce,
se introduce hábilmente
y las cabezas y los cerebros,
y las cabezas y los cerebros
hace aturdir y hace hinchar.

Es un clásico del repertorio del Teatro Colón, donde se representó posiblemente más que cualquier otra ópera: ¡32 temporadas!…

Y en esta famosa aria de esta famosa ópera, Horacio Salgán encontró la inspiración para escribir su famoso tango. Pero dejemos que sea el mismo quien nos lo cuente…

Ahora, antes de escuchar el tema, situémonos en 1953, cuando fue compuesto. Estamos en el “Apogeo”, es decir el final de la época de oro. El tango es la música omnipresente. Se escucha a toda hora en la radio, acapara los anaqueles de las disquerías (Ese año se grabaron casi 1800 temas), y se baila en los cabarets y todos los fines de semana en los clubes, con orquestas en vivo. De hecho es la época de las grandes orquestas, como las de Troilo, Pugliese, D’Arienzo, …. El acento está en los buenos cantantes y -muy especialmente- en el baile. El público quiere tangos rápidos y vivaces. Fijate en este tema grabado ese año por la orquesta de Juan D’Arienzo, “el Rey del compás”.

Falta poco para que comience la “Vanguardia”. Pero todavía no…

  • Eduardo Rovira, a sus 28 años, está comenzando su tour por España y Portugal. Todavía faltan cinco años para que componga “Febril”.
  • Astor Piazzolla ha ganado el concurso «Fabien Sevizky» de composición con su obra «Tres movimientos sinfónicos Buenos Aires», opus 15. Faltan algunos años para que se dedique al tango en tiempo completo.
  • Mariano Mores está componiendo “El firulete” y “Taquito militar”, en el estilo de la época. Faltan dos años para su “Tanguera”.

Ahora sí, con ese estilo de tango en la cabeza, escuchá “A fuego lento” en la versión del Quinteto Real, dirigido por el mismo Salgán…

… y esta rara versión unplugged de la película “Tango, no me dejes nunca” (1998) de Carlos Saura

Arranca bien, como un tango rápido y bailable, dentro de los cánones milongueros. Pero ese “engaño” dura sólo 40 segundos. En ese instante se inserta una parte melódica; y luego regresa el ostinato, pero con súbitos cambios de ritmo, y solos de piano o violín que rozan lo jazzístico.

Un tango instrumental para ser escuchado, ni más ni menos. Hoy puede parecer obvio, porque estamos acostumbrados a la música de Rovira, de Mores y, muy especialmente, de Piazzolla. Pero, ¿en aquella época?. ¿Un tango instrumental que no se puede bailar? Obviamente, este tango estaba anunciando, posiblemente sin que su autor se lo propusiera, el cambio por venir.

Y así lo reconocieron los mismos próceres de la vanguardia. Aquí van las versiones de Piazzolla…

… y de Rovira,

Y, para terminar, la versión-homenaje de dos grandes directores, Daniel Baremboin

… y Gustavo Dudamel,

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