Tangos para Agus

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Grela

Extraña suerte la de la guitarra en el Tango. Al comienzo, durante la época que se conoce como “Guardia Vieja”, supo integrar, junto con el violín y la flauta, la formación más habitual.

Poco después se incorporé el bandoneón, completando la “Orquesta típica criolla”: Bandoneón, guitarra, flauta y violín. Tal es el nombre que le dio a esa formación Vicente Greco (1886-1924), uno de los músicos más representativos de la Guardia Vieja.

Pero había un problema, mientras la flauta tendía a darle al Tango una “vivacidad saltarina”, el bandoneón tendía a una ejecución “morosa y lenta”.

La inclusión del bandoneón en los conjuntos de música popular coincidió con un cambio de ritmo y de articulación que impuso una ejecución lenta y ligada. El arrastre de las notas y el ligado continuo, le quitó la vivacidad saltarina al tango, tornándolo moroso y lento. El tango saltarín y compadrito es un efecto que se obtiene tocando “staccato-picado” y los bandoneonistas estaban muy lejos de lograr tal forma de ejecución por su escaso dominio del instrumento.

Oscar Zucchi: “El Bandoneón en el Río de la Plata”.

Esta batalla sonora fue ganada por el bandoneón, y la flauta desapareció de la formación.

Algo parecido ocurrió con la guitarra. Al aumentar el público que asistía a las presentaciones de las orquestas de Tango, comenzó a resultar evidente que a la guitarra le faltaba el volumen necesario para llenar las salas. A partir de 1912, con la orquesta de Roberto Firpo, la guitarra ya había sido reemplazada por el piano.

En 1916, la orquesta “típica” de Francisco Canaro, con dos bandoneones, dos violines, un piano y un contrabajo, formaría el estándar de la formación musical del Tango por décadas. Por ejemplo, la misma estructura tendría el famoso sexteto de Julio de Caro en 1924.

Orquesta típica de Julio De Caro

Durante toda la Guardia Nueva, se modificaría el número de instrumentos, pero siempre sobre la misma base.

Pero la guitarra no desapareció completamente. Por el contrario, continuó como acompañamiento de los grandes cantores solistas. Pero estas guitarras no venían del mundo tanguero, sino de la música campera y de la payada, que fueron los estilos interpretados originalmente, por ejemplo, por el dúo Gardel y Razzano antes de iniciar su lenta transición hacia el Tango.

Este tipo de acompañamiento no fue exclusivo de Carlos Gardel (1890 – 1935), sino que también se encuentra en la primera época de Mario Pardo (1887 – 1986), Ignacio Corsini (1891 – 1967), Rosita Quiroga (1896 – 1984),

Rosita Quiroga

Agustín Magaldi (1898 – 1938),

Agustín Magaldi

Mercedes Simone (1904 – 1990), y Charlo (1905 – 1990), entre otros.

Pero hacia la década de 1940 ya se había producido otra transición. Los cantantes se fueron incorporando a las orquestas, primero como estribilleros, y luego como solistas. Y así la guitarra desapareció del Tango.

Y aquí es donde entra la figura de Roberto León Grela. Nació el 28 de junio de 1913 en San Telmo. Sobre la pared de la casa de Cochabamba 773, una placa de mármol marca el hogar de su infancia. Su padre y su tío eran guitarristas (formaban el dúo Hermanos Belpasso), pero el pequeño Roberto, con menos de siete años de edad, prefirió aprender a tocar el mandolín. Por suerte, un amigo de la familia, el guitarrista Manuel “Nolo” Parada (1902 – 1980), lo convenció de pasarse a la guitarra.

Debutó a los 17 años acompañando a Roberto Maida (1908 – 1993) y luego a Charlo. También estuvo junto a Alberto Marino, Nelly Omar, Edmundo Rivero y Jorge Vidal…

A comienzos de los 1950, cuando el tango comenzaba a declinar, formó un grupo de Jazz: “Los American Fire”. También incursionó en el folclore y la música brasileña.

Corría el año 1953, y el sainete “El patio de la morocha”, con guion de Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo, se iba a representar en el Teatro Marcelo Torcuato de Alvear.

Comentario al margen: Este teatro fue construido e inaugurado con este nombre el 22 de abril de 1942 por el empresario Pascual Carcavallo (1880 – 1948), y dedicado a representar obras de autores argentinos. En 1951, el gobierno le retiró la concesión a sus herederos, y lo rebautizó como “Enrique Santos Discépolo”, medida que fue revocada en 1955 por la Revolución Libertadora. El teatro permaneció en propiedad de los herederos de Carcavallo hasta 1980, cuando pasó a depender del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Así que, para ser precisos, deberíamos decir que “El patio de la Morocha” se presentó en el Teatro Discépolo, ya que tal fue el nombre que ostentó el Teatro Alvear durante esos cuatro últimos años del segundo gobierno peronista.

Durante dos temporadas se realizaron más del 500 representaciones. La orquesta de Pichuco contaba con 31 músicos, más cuatro vocalistas y un coro. La orquestación fue realizada por Astor Piazzolla y la dirección estuvo a cargo de Román Viñoly Barreto (1914 – 1970).

Ahora, en lo que nos concierne, en un momento de la obra tenían que aparecer un bandoneonista y un guitarrista en los roles de Eduardo Arolas (1892 – 1924) y Pacífico Taboada, interpretando “La cachila”. Obviamente, Troilo iba a interpretar a Arolas. Pero, ¿Quién haría el papel de Taboada? Bueno, para ese rol se llamó a Roberto Grela. En este fragmento, una breve muestra de cómo debió verse esa representación…

… y aquí, el tema que tocaron, “La Cachila”, de Eduardo Arolas y Héctor Polito (1921),

A partir de esa experiencia, la guitarra “acústica” volvió al Tango formando dúo con el bandoneón de Pichuco. Acompañados por Edmundo Zaldívar (guitarrón) y Enrique “Kicho” Díaz (contrabajo) formaron el cuarteto “Troilo – Grela”, y grabaron un LP de doce temas para el sello TK.

Acá te dejo dos temas, “Sobre el pucho” (Sebastián Piana y José González Castillo, 1924).

y el recontraconocido vals “Palomita blanca” (Anselmo Aieta y Francisco Gracía Jiménez, 1929),

Tiempo más tarde, Grela formó el Cuarteto San Telmo, con Leopoldo Federico.

Para terminar, una interpretación que demuestra que también se puede hacer Tango con guitarras,

… y un regreso al cantor solista acompañado por guitarras, interpretando el primer tango-canción…

La guitarra en el ropero
todavía está colgada. 
Nadie en ella canta nada, 
ni hace sus cuerdas vibrar

Roberto Grela falleció en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1992.

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