Tangos para Agus

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Mariano Martínez

Mariano Alberto Martínez, tal su nombre completo, nació en Buenos Aires en 1918. Su padre era viajante de comercio y bailaba muy bien el tango, lo mismo que tu abuelo.

Cuando Marianito tenía apenas siete años, su familia se mudó a Tres Arroyos y, apenas llegar, lo pusieron a estudiar piano. Pero parecía que la música no iba a ser lo suyo. No practicaba, no estudiaba, y faltaba a las clases para ir a jugar a la pelota. Así que, aparentemente, sus padres se dieron por vencidos.

Cuando tenía diez años, su familia se volvió a mudar. Esta vez, a Lanús Oeste.

Lanús en la década de 1920

Los padres volvieron a insistir. Le compraron un piano y lo inscribieron en el consevatorio D’Andrea, con la profesora Amelia Faguada de Alcami. Y esta vez, Marianito le tomó el gusto a la música, ya que (según sus propias palabras) aprendió «como un loco», y para 1929 ya tenía su título de profesor de música.

Pero parece que la familia de Marianito no se podía estar quieta. Se mudó nuevamente, y a lo grande. Nada más ni nada menos que a España. Marianito consiguió una beca para estudiar piano clásico en la Universidad de Salamanca, y hacia allá se fue.

Con sólo 14 años y, para ganarse unas pesetas extras, se presentaba como «Lolo el compositor relámpago», improvisando una melodía a partir de una pocas notas que le proponía el público.

Años más tarde recordaría que una vez, en 1936, …

… paseando junto a mi padre por la rambla de Barcelona, mi viejo se detuvo a escuchar la música que llegaba desde un negocio. «Eso es un tango ―me dijo―. Y el que lo canta se llama Gardel».

Gardel había muerto el año anterior, y eso había sacudido a España, donde su fama se mantenía intacta desde sus primeras giras de fines de la década de 1920.

Intrigado por esa extraña música que le había sido prácticamente desconocida hasta ese momento, Marianito empezó a escuchar los discos de Gardel, y a apasionarse con el tango.

Pero su vida estaba a punto de dar un giro. Corría el año 1936, y España se precipitaba hacia la Guerra Civil. Así que la familia Martínez decidió regresar a Argentina. Y al poco tiempo de llegar, el padre de Mariano, de apenas 42 años, enfermó y murió.

Mariano Martínez a sus 18 años

Mariano era el mayor de siete hermanos y, con 18 años de edad, tuvo que salir a buscar trabajo. Lo contrataron como pianista en el Café Vicente de Corrientes y Pellegrini, una esquina que hoy lleva su nombre. Cobraba tres pesos con cincuenta centavos por día.

Mientras tanto, empezó a estudiar en la Primera Academia Argentina de Interpretación (PAADI), que dirigía el periodista y compositor de tango Luis Rubistein. Mariano sabría mucho de música clásica, pero ignoraba la música popular que debía interpretar en el café Vicente. Así que tenía pleno sentido que asistiera a esta academia de «arte popular» ubicada en los altos de un edificio de la avenida Callao 420, a pocos metros de la calle Corrientes. En la planta baja funcionaba la empresa fúnebre Iribarne.

Luis Rubistein (1908 – 1954)

Allí conoció a Myrna Moragues, una cantante en ciernes que estudiaba tango, y de quien se enamoró perdidamente. Corría el año 1937, y para estar cerca de ella, Mariano se mudó a una pequeña pieza, en Terrada 2410, Villa de Parque, a escasos 100 metros de donde vivía Myrna.

Myrna y Mariano

Allí, en esa pequeña habitación, ese joven de escasos 20 años y con una formación musical puramente clásica, pero con un creciente interés en la música popular de su país, escribiría su primer tango.

Pero, como se suele decir, esa es otra historia.

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